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Entre el humor y la reflexión

Por Redacción

Alejandro Castañeda
afcastab@gmail.com

Ta´que éramos pocos, ahora vuelve el Diablo

En julio de 1999 el Papa Juan Pablo II suprimió el infierno: “ Más que un lugar –dijo- es una situación de quien se aparta del modo libre y definitivo de Dios”. Pero ocho años después, el nuevo Papa Benedicto XVI, que había abolido el limbo, decidió reponerlo. “El infierno existe y es eterno”, dijo el Pontífice. Es decir, no es cuestión de un trimestre más o menos. Es real y encima, no dejará nunca de serlo. Y ahora Bergoglio confirmó esa profecía al darle preponderancia absoluta a Satanás, dueño y señor del Averno. Para el Papa, el Demonio está y es mucho más vivo que nosotros. La cosa se complica.

El Diablo le conviene a la Iglesia. Lo tiene como símbolo o amenaza. Es una vieja treta el saber usar el enemigo para mejorarse. Cada tanto Roma convoca al Demonio para intimidar a los indecisos. Pero hoy no es fácil asustar con algo lejano cuando las cercanías están tan peligrosas. De la mano de Bergoglio, ha vuelto el Diablo. El Papa lo acusa de ser el culpable de todos los males sociales, de los grandes y de los chicos, un maldito todo terreno que no se cansa hacer desmanes. Lo responsabiliza por la pedofilia, por terremotos, crímenes, codicia, hambre, violencia. Los vaticanistas aseguran que ningún Papa, como Francisco, ha hablado y escrito tanto del Diablo. Para muchos es una obsesión que le quita el sueño en Santa Marta. Bergoglio lo considera su peor enemigo y el autor final de todas las maldades. Siempre rinde exponer y demonizar al contrincante. Francisco ha dicho que “el hombre vive bajo el soplo de dos vientos, el de Dios y el de Satanás”, lo que acaba poniendo al Demonio, al menos en las tormentas, a la misma altura del creador. Y, para combatirlo, lanza un catecismo preventivo que califica a los huracanes de estos días como una mezcla de fábula y ultimátum.

El Pontífice culpa al Maligno por todo. “El peligro mayor es que divide a una comunidad cristiana”. Aunque saber que la grieta es obra de Satanás, alivia mucho los vientos nacionales. Francisco nos enseña que hay un sólo responsable de las diabluras de estos días. Por eso ataca a los sacerdotes que niegan la existencia del demonio como persona y la posesión diabólica: “No se debe relativizar la verdad y hay que tomar en serio los exorcismos de Jesús”. Con el pontificado de Francisco se ha potenciado como nunca el rol de los curas exorcistas. Bergoglio advirtió que “con el Diablo no se puede hablar. Si lo hacés estás perdido, es más inteligente que nosotros, te abate y te hace un lío en la cabeza”. El exorcista número uno del mundo, el padre italiano Gabriele Amorth, ha dicho que “el satanismo es sin duda un fenómeno en ascenso”. Y contó que en Turín las autoridades eclesiásticas decidieron nombrar recientemente cuatro nuevos exorcistas ante el crecimiento de poseídos. Esos sacerdotes vienen a ser los nuevos gendarmes de una bondad cada vez más replegada que va cambiando soldados porque siente que la batalla peligra.

La gente está tan acobardada con los miedos del día a día que la iglesia no sabe qué hacer para asustarnos con sus eternidades. Si el limbo ha dejado de ser, si el infierno no existe y el Diablo es una ficción, para qué portarse bien si no hay castigo. Por eso Bergoglio revive al do: para que los pecadores no se achanchen con tanto garantismo. Sabe que lo que realmente asusta no es el Diablo sino los diablillos de aquí a la vuelta. Una semana después de corroborar la presencia del Malvado, Bergoglio cargó contra el círculo conspirador del Vaticano. Y culpó a Satanás por la presencia de esa grieta rezadora que se encomienda a los ángeles mientras pacta con el Demonio. Pero hay que entender a Francisco: cada vez que habla del más allá, lo hace para enjuiciar al más acá. Sus gambetas han desconcertado a más de un creyente que no logra descifrar la andadura de un pastor que para poder cazar al lobo les apunta a las ovejas. Si, como dice Bergoglio, el diablo es culpable de todos los desmanes, de las injusticias, de la pobreza y de los crímenes, habrá que admitir que últimamente Satanás se viene luciendo.

El Diablo le conviene a la Iglesia. Es una vieja treta saber usar al enemigo para mejorarse

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